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No sé cuántos años hace. Vino de visita a vernos a Zaragoza.

Recuerdo anécdotas graciosas, como la de mi tía María Pilar que me vio cruzando la calle con él y, claro, cogido de la mano de un negro se debió preocupar y pitó desde el coche, dejándolo prácticamente aparcado en mitad de la carretera para ver qué estaba ocurriendo. No tuvo precio 🙂