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Publicado el 22-XI-1968
«A PROPÓSITO DE UN CONCIERTO»
¿Somos conscientes de nuestro comportamiento en sociedad? Vayamos a un terreno concreto: ¿cómo actuamos, por ejemplo, en un concierto? Las lectoras que asistieran, como yo, a la conferencia-concierto sobre Isaac Albéniz, se harían, quizás, estas reflexiones:
Un compositor cumple su cometido ofreciendo al público su música. El intérprete está obligado a que su ejecución sea buena, por respeto hacia los que escuchan. Pero ¿y el público? ¿qué función desempeña? Asiste y escucha.
La asistencia supone unos requisitos: las señoras vistieron adecuadamente a la hora y lugar. Y fueron puntuales. Les debemos agradecer la deferencia. Pero, desgraciadamente, aquí pusieron punto final, salvo excepciones naturalmente, a su buen comportamiento social. Somos propensas a manifestar en alta voz nuestro estado de ánimo, lo que en un acto de esta índole debe resultar bastante molesto al buen aficionado. ¿Y qué decir de nuestros adornos? ¿No les parece, amigas, que antes de salir de casa, sería bueno emplear cinco minutos en seleccionar las joyas, descartando las ruidosas? Sobre todo, habida cuenta de que cinco minutos no son nada comparados con el tiempo invertido en un maquillaje perfecto.
Debemos reconocer, humildemente, la lección que nos dieron las jóvenes. De pie durante todo el acto, muchas de ellas cargadas con libros de texto, parecía que no existían. Sin el menor comentario y sin tan siquiera cambiar de postura para evitar, de este modo, ruidos molestos a los espectadores. Es posible que sus atuendos no fueran tan adecuados al momento, pero nos enseñaron que la elegancia de espíritu es más noble para una buena convivencia.
Se me ocurrió que la generosidad, la más social de las virtudes, no es privilegio de momentos dramáticos, sino de éstas y otras muchas ocasiones que cada día se presentan, de demostrar a la persona que tenemos al lado que merece todo nuestro respeto.
Zaragoza, 30 – octubre – 1968







