Dada la vida que llevé de pequeño, Arantxa y Gustavo fueron como padres sustitutos. Les debo mucho sobre la fortaleza que te aporta el ser cariñoso con la gente a la que quieres de verdad.

Esta foto está tomada en la primera casa en la que vivimos en Zaragoza (luego nos mudamos al piso de arriba, en el mismo edificio). Odiaba ese edificio con todas mis fuerzas y escapé en cuanto pude.
Mi madre nunca comprendió la importancia de mantener la casa con un mínimo de estética, y vivíamos en un ambiente que comunicaba pobreza y degradación. Eso se te impregna y te hace adoptar cierto tipo de estructura mental de la que, gracias a personas como Arantxa y Gustavo (entre otros), conseguí desprenderme y hacerme fuerte.

