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Cuando llegué a Zaragoza, en mi primer curso en EGB, el profesor nos dijo que dibujáramos una niña. Yo dibuje esta.
Tuve una discusión seria con el profesor porque insistió en que las niñas no eran negras y, en todo caso, si eran negras no tenían los ojos verdes.
Dado que mis primeros cinco años de vida los pasé rodeados de gente negra en República Dominicana… entre ellos mi padre, mis abuelos y mis tíos y tías… pues lógicamente yo me negué a decir lo que el profesor me exigía. Terminó dándome un golpe en la cabeza.
Mi madre, enfurecida, acudió al colegio y hasta que no logró que el profesor me pidiera perdón no paró.
Ese día aprendí la lección más importante de mi vida: nunca retrocedas ante nadie si estás convencido de tener razón. Y menos todavía por miedo.









